Producir, exponer, interpretar

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Tras la experiencia del European Curators Workshop, jornadas de trabajo a puerta cerrada organizadas en colaboración con el British Council el pasado febrero y en las cuales colaboraron varios países, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León apuesta por compartir experiencias entre profesionales del sector a nivel nacional con las jornadas PRODUCIR, EXPONER, INTERPRETAR: Estrategias y conflictos en la práctica curatorial hoy.

La iniciativa surge de las conversaciones entre Tania Pardo -comisaria del Musac- y Manuela Villa -responsable de contenidos de Matadero Madrid y coordinadora general de La Noche en Blanco- quienes detectaron la necesidad de concretar la labor del comisario, sus objetivos y su papel en el engranaje artístico.

Una reflexión global para una redefinición del comisariado donde aspectos como la ética profesional, la situación de crisis económica, la importancia del público, el ejercicio libre de la profesión o la práctica cultivada en el seno de una institución deben ser considerados por una nueva generación de comisarios y especialistas en el encuentro producir, exponer, interpretar.

Una de las ideas más inspiradoras, y que caracterizaron las jornadas en el Musac, fue la tendencia al formato colectivo, formando equipos de trabajo que favorezcan la creación de redes para llevar a cabo diversos proyectos. Una alternativa a la solitaria labor comisarial que combina la experiencia individual con la inteligencia colectiva. Como ejemplo de estas dos fórmulas de trabajo, Comisariar hoy: en busca de una definición, inauguraba el ciclo de conferencias con la presentación del grupo de comisarios independientes “RMS La Asociación” y de Leire Vergara, comisaria-jefe de la Sala Rekalde de Bilbao.

La intervención de Iván López Munuera, comisario independiente, en Hacia una ética del comisariado, incorporó al tridente producir, exponer, interpretar, la acción de “exagerar”. Mientras que la labor curatorial actual se sitúa en espacios de neutralidad, la de los años 60 en Estados Unidos se caracterizó por entrelazar lo íntimo y lo político para crear espacios artísticos de controversia. Con esta introducción histórica a la ética profesional comprendemos que, desde la formulación de un discurso crítico hasta la creación de un look, un comisario no deja de ser un personaje que se mueve en unos límites éticos difusos, especialmente cuando nos aproximamos al resbaladizo concepto de espectáculo.

En este bloque destinado a la ética, la participación de Tania Pardo consistió en destacar algunos de los valores necesarios para una correcta práctica profesional -lealtad, dedicación, responsabilidad- sin titubear en el momento de señalar algunos ejemplos de malas prácticas que han tenido lugar en nuestro país.

El Ministerio de Cultura propone un código de buenas prácticas constantemente vulnerado y modificado según diversos intereses, pero en cualquier caso dedicado al mundo museístico. No existe un código deontológico específico para comisarios y, por la propia naturaleza de este profesional, los participantes en las jornadas no creyeron posible –ni necesario- la creación de tal código, apostando por una ética individual como guía suficiente para alcanzar la honestidad como colectivo.

¿Cuál es la diferencia entre trabajar para la institución o de modo independiente? A esta cuestión trató de responderse en el coloquio El compromiso del comisario con el presente. Desde la institución, desde la independencia.

La contribución de Manuel Segade, procedente del Departamento de Exposiciones del CGAC, se centró en exponer su experiencia como miembro de un equipo. De esta manera aportó el personal punto de vista de quien trabaja para un museo o centro artístico, espacios limitados a la hora de narrar y explorar nuevos temas, determinados por la política y obsesionados por la afluencia de público como único baremo para su competencia como institución cultural.

La conclusión de Tania Pardo, no podría ser más clara: en la práctica curatorial, ya sea institucional o independiente, uno siempre termina trabajando bajo los preceptos de la fundación, museo o sala a la que entrega el proyecto. Como consecuencia, el grado de radicalidad de los discursos decae, pues no hay institución que patrocine un arte que la cuestione.

Una de las conferencias más destacables del encuentro en Musac fue la protagonizada por David Arlandis y Javier Marroquí, Alternativas a la exposición, nuevos formatos, distintas directrices. Tras una breve introducción a sus trabajos curatoriales, este dúo de comisarios independientes hablaron sobre las opciones para renovar la exposición clásica, caracterizada por rígidos condicionantes de espacio y tiempo, ser poco interactiva y poseer únicamente material artístico. Se impone ya la necesidad de alterar, violentar y proyectar el modelo a otros niveles. Llevar la exposición a otros contextos alejados del museo, alterar los horarios de apertura o romper las normas de comportamiento son algunas de las opciones propuestas para empezar a desentrañar un nuevo formato expositivo.

¿Está realmente agotado el modelo expositivo? Por un lado, este se encuentra potenciado día a día por las numerosas exhibiciones que se producen, apoyadas por una importante inversión económica. No obstante, existe un desfase significativo entre la producción artística actual y este modelo de profundas restricciones y de carácter meramente contemplativo.

Arlandis y Marroquí proponen, ante esta realidad, el modelo investigativo, basado en un arte que actúe como herramienta crítica. Para que esta situación se produzca, es necesaria la figura de un artista-investigador y de un espectador partícipe de la obra pero también capaz de proponer contenidos e implicarse en el proceso. La interdisciplinaridad de los integrantes del proyecto y su trabajo en red es condición necesaria para asegurar la riqueza conceptual y valorar las fases de producción por encima del producto final.

Pero más allá de ofrecer alternativas de exposición, Arlandis y Marroquí proponen alternativas a exposición, un campo en el que poseen amplia experiencia gracias a su blog sobre comisariado, VVORK, volcando en él ideas, obras, archivos y otros materiales constituyendo, en sí mismo, un trabajo de comisariado. Sin duda, uno de las principales vías de escape a la exposición es la inmaterialidad y omnipresencia que nos brinda Internet, junto con la posibilidad de actuar a nivel local con aspiraciones internacionales. Frente al formato del blog, puramente virtual, están tomando fuerza los workshops o talleres, creando plataformas de trabajo en equipo donde se le conceda importancia a los procesos frente a los resultados.

Manuela Villa contribuyó con una interesante aplicación de la ética hacker a la comunidad artística. Para ello, realiza una presentación de la ética protestante y capitalista predominante. Frente a la laboriosidad, la fijación por los resultados, la promoción individual, el valor monetario y la resistencia a compartir, la ética hacker defiende la creatividad, la valoración del proceso, el carácter colectivo de sus iniciativas, el valor social y la circulación libre de información.

¿Podríamos crear una alternativa a la exposición basándonos en la ética hacker? ¿Cómo afectaría esto a la creación contemporánea?

Estaríamos hablando de un arte que ha dejado su carácter objetual para adoptar la inmaterialidad, lo eventual y lo performativo, un arte como acontecimiento que se consuma en iniciativas como La Noche en Blanco de Matadero Madrid, auténtica celebración del arte de nuestro tiempo que ha sido calificada como “los sanfermines de la creación contemporánea”. También resultaría diverso el papel del artista que, sumándose al carácter investigador mencionado por Arlandis y Marroquí y teniendo en cuenta los postulados de libre información, dejaría de ser generador de obra para convertirse en intérprete, recuperando la idea de obra abierta de Umberto Eco en la que la libre ejecución por parte del artista y la libre interpretación por parte del espectador transformarían la obra en posibilidad. En consonancia con esta concepción del proceso artístico se encuentra Roland Barthes, que defiende el desarrollo libre del texto alejado de la tradicional filiación y herencia a su autor.

Por último, y completando lo anteriormente dicho sobre los procesos de trabajo en red de equipos interdisciplinares, Manuela Villa ultima la definición observando cómo los integrantes de estos nuevos proyectos basados en una ética hacker deben dejar de trabajar como individuos y comenzar a funcionar de modo similar a una empresa, a través de la fijación de objetivos, el sentimiento de compromiso con el proyecto, el diseño de estrategias y la flexibilidad en los roles a desempeñar por cada uno de los integrantes.

Este mes de septiembre tendrá lugar en Matadero Madrid la segunda parte de este encuentro donde, además, tendrá especial protagonismo el Archivo de creadores de Madrid, proyecto al que se vincularán las jornadas a través del visionado de su archivo y entrevistas personales con los artistas.

 

[Apuntes tomados en las Jornadas “Producir, exponer, interpretar: estrategias y conflictos en la páctica curatorial” celebradas en el Musac (León) del 22 al 24 de mayo de 2009].

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