La flexibilidad del ánimo

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¿Quién soy? Mi singularidad se disuelve en cuanto la examino y, finalmente, estoy convencido de que mi singularidad procede de una ausencia de singularidad. Incluso tengo en mí algo mimético que me impulsa a ser como los demás.

Edgar Morin

Sumergida en la obra de Inma Herrera, en los dibujos, objetos y fotografías que conforman el proyecto Emparentados, una propuesta donde la artista nos relata cómo cada miembro del núcleo familiar vive su individualidad condicionado por su relación con el otro, comprendí que no podría escribir este texto en soledad.

Los representaciones psicológicas que la artista realiza en su serie de litografías, disponen al retratado siempre ajeno a las figuras que lo flanquean y sitúan entre dos estados contradictorios: el doppelgänger –sombra fantasmagórica que revela actitudes (in)conscientes– y el doble sin rostro que interactúa influyendo en su conducta.

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La lectura de esta interioridad ficcionada da comienzo como un pasatiempo, tratando de liberar los secretos que las imágenes desean contarnos, siguiendo las pistas de un código que creemos dominar. Leemos y reconocemos en las imágenes la imposibilidad de huida ante presiones autoimpuestas, las evasivas frente a retos para florecer, el refugio infantil que combate la hostilidad y negación del mundo, la alienación del individuo controlado por los dictados morales y la ruptura afectiva con el compañero de juegos, ahora transformado en un ser extraño.

Según avanzamos en nuestra búsqueda, el juego inicial se torna reflexión silenciosa: nuestro análisis necesariamente revela cuestiones sobre nosotros mismos y nuestros lazos familiares. En un gesto casi inadvertido, comparamos los retratos de Inma Herrera con nuestros retratos en una comprobación dolorosa. De repente, repasamos mentalmente nuestras propias actitudes, cuestionándonos su procedencia y los pilares que lo sostienen. De repente, brotan hilos también de nuestras extremidades.

Cuando el dolor nos alcanza, la artista propone la bioenergética como cura y tentativa de diálogo para estos seres silenciosos de los que también formamos parte, poniendo en comunicación cuerpo y psique mediante dinámicas de relajación y respiración. Los cuerpos de los personajes se retuercen sobre elementos que el psicoterapeuta A. Lowen utilizaba en sus sesiones, en una contorsión física que es imagen de su progreso psicológico.

Reuní a mi familia entorno a la obra de Inma Herrera. Ante este ejercicio de lectura sentimos cosquilleo, tirantez y dolor. El proyecto Emparentados, como el taburete de Lowen, lejos de ser una distracción sencilla generó una situación de tensión inicial al desplazar nuestro paradigma. Pero todo ello era síntoma de un crecimiento, la declaración de que se estaba produciendo la flexibilidad del ánimo.

[Texto para la exposición de Inma Herrera “Emparentados. El resultado de tan estrecha relación“. Centro 14. Alicante. 2013].