Blick openers

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Diferentes experiencias llevadas a cabo en Holanda para aproximar a los jóvenes a la cultura se han centrado en potenciar su desarrollo individual, asegurar su derecho en el acceso a la cultura, promover su participación activa y establecer una vía de comunicación entre las nuevas generaciones y su herencia cultural. Para ello fue imprescindible contar con la complicidad de los colegios, y especialmente con su compromiso para llevar la educación cultural un paso más allá, no conformándose con la aproximación al arte a través de las manualidades o a crear eventos y actividades únicamente en ocasiones puntuales (festivos nacionales).  Sin embargo el objetivo último de las instituciones era mucho más ambicioso: que los jóvenes abrazaran el arte y la cultura como medio y herramienta para comunicar ideas, ser más creativo y realizar sus propios proyectos.

Las principales iniciativas se dirigieron al sector escolarizado ente los 12 y los 18 años. En Holanda los centros de estudios tienen un presupuesto dirigido a programas culturales, pero hasta el momento nunca lo habían gestionado en colaboración con instituciones y museos. Uno de los primeros pasos fue poner este dinero a la disposición de sus usuarios, de modo que los jóvenes recibieron un carnet cultural, implantado en el 80% de los colegios y en el que todos los meses les ingresaban 15€ que podían invertir en actividades culturales fuera de su colegio, visitando exposiciones, acudiendo al teatro o conciertos, participando en cursos formativos y talleres…

El carnet era una buena forma también de hacerse con datos y aproximarse más al grupo al que se dirigían. Prepararon cuestionarios masivos de los que obtuvieron conclusiones muy interesantes:

  • El 21% de los jóvenes es público habitual de eventos culturales, aunque son observadores pasivos.
  • El 22% tiene un perfil emprendedor, son creativos y actúan conforme a ello.
  • El 25% tiene un papel protagonista en el arte y la cultura, participando, por ejemplo, en funciones teatrales. Una de las principales conclusiones de este cuestionario fue que los adolescentes han de sentirse cómodos y bienvenidos en la institución cultural, ser partícipes, respetados y considerados.
  • El 35% no tiene un interés especial en el arte y la cultura, incluso llegando a evitarlo. Sin embargo, los datos informan de que son consumidores de música y películas, y esto fue interpretado como una señal de que no todo estaba perdido.

Las instituciones se dieron cuenta de que debían darle a los jóvenes un papel protagonista. Hasta el momento accedían a ellos a través de sus centros educativos por lo que consideraron importante realizar un acercamiento a través de todas las asociaciones culturales impulsadas por jóvenes. Rápidamente se integraron en la realidad de los museos un colectivo muy participativo llamado “Blick openers” que:

  • Realizaban sus propias visitas guiadas a compañeros de su edad. Para ello contaban con la complicidad de los centros que les facilitaban información sobre las exposiciones y una formación e indicaciones básicas sobre la realización de visitas guiadas. Con esta acción se aseguraba la frescura de su discurso y proporcionaban ejemplo a sus compañeros, que además les prestaban toda su atención.
  • Impartían talleres sobre actividades que conocían en los propios museos.
  • Daban su opinión crítica a los comisarios de exposiciones.
  • Protagonizaban conciertos y piezas escénicas.

Esta experiencia fue un ejemplo de cómo los jóvenes desean desarrollar, mostrar y compartir su talento, pero para ello no se les porporcionó un camino fácil o directo, sino que se implementó un trabajo diario y aprendizaje continuo, los involucraron en la toma de decisiones y les otorgaron responsabilidades.

 

[Apuntes tomados en el Pública 14: Encuentro internacional de gestión cultural, celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid los días 30 y 31 de enero de 2014. Conferencia “Cómo interesar hoy a los jóvenes por el arte y la cultura” por Jan Jaap Knol y Brecht Demeulenaere].